Un abordaje estructurado que rescata la identidad de la persona frente a la parálisis y la hostilidad del diagnóstico.
1. Desactivar el momento confusional
2. Las agujas como andamiaje
Al ingresar a oncología, la identidad corre el riesgo de reducirse a un diagnóstico. La aproximación inicial prioriza al individuo antes que al síntoma, apoyada en psicología social.
Llevar crochet o bastidores a la cama ofrece un pretexto significativo que sostiene la psique durante el tratamiento médico, convirtiendo la parálisis en una tarea estructurada.
3. Transformar pasividad en enseñaje
4. Recuperar la potencia humana
Rompemos la dinámica vertical del hospital. El paciente enseña un punto nuevo a sus acompañantes o al equipo, recuperando autoestima y sentido de valía social.
La vitalidad aumenta al colaborar con otros. Involucrar a los internados en proyectos solidarios demuestra que sus creaciones generan un impacto real en la comunidad.
5. Consolidar la representación interna mutua
El desafío final dentro de los servicios de oncología es evitar la "clínica del vacío", ese estado de exclusión donde la persona se siente desconectada y olvidada por la sociedad exterior.


Enlazamos las actividades del hospital con los talleres del local en Bariloche para forjar un vínculo profundo donde la creación compartida devuelve al paciente la certeza de su lugar en el mundo.
Escucha activa y creación compartida
A través del arte y la elaboración textil, el diálogo trasciende el espacio clínico. El paciente internado participa activamente en proyectos comunitarios que le otorgan continuidad afectiva.
Certeza psicológica de existencia
El intercambio recíproco brinda la confirmación vivencial de existir en la mente ajena. Saberse mirado, reconocido y necesitado combate la parálisis y la soledad del diagnóstico.
Imperativo biológico para el tratamiento
El reconocimiento mutuo no es un adorno emocional: constituye un sostén biológico indispensable que fortalece al organismo para responder de manera óptima a la terapia médica.
«Sentirse mirado, reconocido y necesitado en la mente de los demás constituye un imperativo biológico vital para sostener el tratamiento médico.»
Fundamento del Modelo Hospitalario en Bariloche
La potencia humana se marchita con el aislamiento y aumenta al colaborar genuinamente con otros.
Un marco ético inspirado en la psicología social para sostener la dignidad en momentos de máxima vulnerabilidad.


Un puente entre la sala y la comunidad
Enlazar los talleres del hospital con el espacio comunitario en Bariloche permite que la producción textil trascienda las paredes de la internación.
A través de la escucha activa y el intercambio solidario, las creaciones de cada paciente encuentran destino y reconocimiento en la sociedad.
Coordinamos talleres


