Transitar una enfermedad o acompañar a alguien en su tratamiento puede resultar abrumador. En ese contexto, actividades como tejer a dos agujas, el crochet o el punto cruz se convierten en mucho más que un pasatiempo: son una terapia silenciosa.
Estas labores nos permiten distraernos de lo que nos agobia, ofreciendo a la mente un descanso necesario. Nos mantienen atentas, concentradas, relajadas y tranquilas, creando un paréntesis de paz en medio del caos.

««Puntada a puntada, sus corazones iluminan la oscuridad, tejiendo con hilos de estrellas un abrazo eterno para quienes más lo necesitan.»»
— Anna Wong, Voluntario
Deja una respuesta