Son tratamientos para luchar contra el cáncer que consisten en la administración, generalmente por vía intravenosa, de medicamentos que impiden el desarrollo de las células tumorales ya existentes y el crecimiento de otras nuevas, y así poco a poco se va reduciendo el tumor. Algunas veces la desaparición del mismo puede ser total, provocando la curación del paciente, pero en otras ocasiones, puede volver a aparecer al cabo de un tiempo, por lo que habrá de realizarse revisiones periódicas.
Un inconveniente es que estos medicamentos, que van por la sangre, llegan a todas las partes del cuerpo y atacan tanto a las células tumorales como a las del organismo, provocando también en ellas alteraciones, sobre todo en aquellas de crecimiento rápido, como las del pelo, intestino, sangre… Esto puede dar lugar a los efectos secundarios de los que hablaremos más adelante.
El tipo de tratamiento dependerá de la enfermedad tumoral y del propio paciente y, debido a su toxicidad, estos medicamentos se administrarán dejando unos días entre sesiones. Es lo que llamamos un “ciclo de tratamiento”, para que las células del organismo descansen y se recuperen.
Antes de un nuevo ciclo será necesario realizar una analítica para ver las condiciones en que se encuentran las “defensas”. Se trata de la comprobación por el Oncólogo de que no existe una toxicidad sobre la sangre o los riñones, que haga peligrosa una nueva administración.










