Los tratamientos pueden acarrear grandes cambios en su vida, afectando su estado general de salud, amenazando su sensación de bienestar, interrumpiendo su rutina diaria e imponiendo una carga en sus relaciones con los demás. Es normal que sienta tristeza, ansiedad, enojo, y sufra cambios de carácter.
Tratar de compartir sus preocupaciones con personas de su entorno y pedir ayuda cuando lo necesite, puede ser muy importante para vivir esta etapa de la mejor manera.
Además puede obtener apoyo de personal médico y de enfermería, otros profesionales, grupos de apoyo y asociaciones.
Las técnicas de relajación pueden ayudar a su bienestar ayudando a conciliar el sueño, reducir la ansiedad y a tener más energía, entre otros beneficios.
Normas generales para relajarse:
- Elegir un lugar tranquilo, con temperatura agradable y sin distracciones.
- Colocarse en una postura cómoda.
- Vestir ropa cómoda, si es holgada mejor.
- No cruzar las piernas, ni los brazos.
- Inicie la relajación cerrando los ojos y piense en algo agradable.
- Concéntrese en su respiración.
- También puede realizar relajación muscular progresiva, visualización, distracción, musicoterapia, hipnosis, terapia cognitiva, psicoterapia, etc.
Otras recomendaciones.
- Aprenda a decir “NO”. Si le cuesta decirlo, busque una persona que lo diga por usted.
- Mantenga sus actividades lúdicas, disfrute con aquellas cosas que le gustan.
- Intente salir de casa cada día.
- No intente abarcar todo, céntrese en lo verdaderamente importante para usted.
- Relaciónese con aquellas personas con las que se encuentra a gusto. Evite los compromisos que no le resulten gratos.
- Todo ser humano, religioso o no, posee su propia espiritualidad, entendida como la búsqueda del sentido de la vida. Tenerlo en cuenta puede ayudarle en el proceso de la enfermedad.
- Durante su estancia en el hospital procuraremos atenderle de acuerdo a sus creencias.










